TCHAÏKOVSKI
Reserva
Acerca de
La música rusa… ¡eso no existe! Ay… ya estamos desatando la polémica. Pero los hechos son tozudos. Hasta Glinka (1804-1857), la música rusa era, en su mayor parte, de tradición oral. Es esa música, con la que fantaseamos porque no la conocemos, la que imaginamos que es la música rusa. La balalaika, los cosacos bailando al son de músicas endiabladas… Todo eso lo mezclamos en una especie de alma eslava que nos costaría definir. Rusia, el país más grande del mundo, se ha visto a menudo dividida entre Occidente y Oriente hasta encontrar una posición única que no se decanta por ninguno de los dos bandos y que desarrolla un modelo inquietante y poco comprensible para el resto del mundo. En el siglo XIX, la nobleza rusa hablaba francés con mucha más frecuencia que ruso. Y la burguesía miraba hacia Europa. En cuanto al pueblo… seguía viviendo en la Edad Media, y la única música que escuchaba era la de los oficios religiosos o la que sonaba en la plaza del pueblo. Es en este contexto donde aparece Tchaikovsky. Melodista sin igual, supo integrar elementos de la música folclórica en una escritura a veces muy mozartiana, hasta el punto de encarnar para todos, tanto rusos como extranjeros, el alma de la música rusa. Tchaikovski, compositor romántico por excelencia, devolvió el protagonismo a la música de ballet. Fue para la danza para la que compuso algunos de sus temas más bellos. Volviendo a nuestra introducción, y de nuevo a riesgo de resultar un poco chocante, fue bajo el régimen soviético cuando pudo florecer un estilo musical ruso original. A partir de ahí, sí, existe una música culta rusa que afirma su identidad. Pero, en el fondo, todas esas disputas nacionales carecen de importancia. Desde hace siglos, tanto los compositores como los intérpretes se burlan de las fronteras, que cruzan con alegría. Escriben y tocan para todos los hombres. Chaikovski no es solo ruso, es universal.
Fechas
- 21/03/27 a las 14h00.























